Prisionera de la rutina

In Motivación

Cuando despertaba por el sonar de la alarma, de una pensaba en la rutina de la semana del trabajo, por lo que mi mente me llevaba a sentirme más frustrada que nunca. Los pensamientos me invadían, así que sólo me limitaba a ver el techo y a perderme en el limbo de mis deseos. Preguntas inevitables rondaban en mí y todas me llevaban al mismo punto de sentirme estancada. Pensaba en que estaba trabajando porque necesitaba salir adelante y pagarme mis cosas (pensamiento principal – positivo que hacía que me esforzará cada día). Hace tres años había iniciado mi camino laboral, comencé como recepcionista donde hice un montón de cosas a parte de mi puesto; aprendí de: -recursos humanos, departamento de compras, mercadeo, de la parte operativa e incluso fui por un tiempo asistente del Sr. Abdul Waked, pero en vez de verlo como algo negativo, lo aproveche para aprender al máximo, para ampliar mis conocimientos y mejorar mis habilidades. Luego en otra empresa, fui asistente administrativa, donde por supuesto también aprendí mucho. Por ende, jamás tuve duda de que cada paso eran grandes escalones. Sobretodo porque algo que tenía muy claro, es que para todo, es indispensable comenzar de cero, pero con el pasar de los meses, no podía evitar sentirme más lejos de mis sueños, no podía evitar sentirme cada vez más distante de mis metas e incluso comprendí que no sólo estaba lejos de lo que me apasionaba, sino que también me estaba volviendo prisionera de mis cuentas.

 

 

El problema no era esforzarse, ni madrugar; el problema es que sentía que la vida se me estaba pasando encerrada en una oficina, en un trabajo que no odiaba pero que no me apasionaba y no me hacía feliz. Pero cuando me sentía frustrada por la situación, llegaban las mayores interrogativas, “¿Cómo llego a mis metas si tengo que seguir trabajando para mantenerme?, ¿Cómo tiro todo al vacío para enfocarme justamente en lo que quiero?”

Esas preguntas eran los puntos más conflictivos en mis pensamientos, pero pese a eso, había otra situación que me frustraba aún más. A veces también pensaba en que el trabajo es de 8:00 am a 5:00 pm, de lunes a sábados. Cuando salía de mi trabajo y quería hacer una diligencia personal, no podía porque ya todo estaba cerrado y con este tráfico no valía la pena que pidiera permiso para salir media hora antes. Luego pensaba en que bueno “está bien, será el sábado”, llegaba el sábado, intentaba aplicar lo de salir media hora antes, llegaba al lugar que necesitaba y justo lo que temía… ya estaba cerrado. Respiraba hondo y me decía a mi misma, “será otro día” y entre “será otro día” se me pasaban los días, las semanas y los años. Los fines de semana estaba tan cansada, que no tenía ganas de nada. El sábado apenas salía de la oficina, sólo quería dormir, aún así intentaba tener una vida social para no sentir que la vida se me pasaba sólo en una oficina. El domingo también pensaba en dormir pero tenía que arreglar mi casa, lavar ropa etc. Por ende, tenía que distribuirme en hacer lo que más pudiera, y al finalizar el día, en un abrir y cerrar de ojos, ya era lunes otra vez y la rutina volvía a iniciar.

 

 

Pero lo que más me frustraba era aceptar el hecho de que toca trabajar de lo que sea, para poder tener algo de dinero y así lograr mantenerse, en efecto, es verdad, porque cuando toca, toca. Pero también me repetía a mi misma, que no sólo puedo vivir bajo ese fundamento de tener que aceptar cualquier cosa para salir adelante, sabía que podía esforzarme el triple para emprender o llegar al camino de mis sueños. Ya que para mí había una única realidad, la mayoría de nuestras vidas estamos trabajando, entonces si es así, ¿por qué no nos esforzamos porque sea algo que nos apasione?

Basándome en estos ataques constantes de pensamientos, una tarde decidí analizar en cómo podía cambiar la realidad que me estaba absorbiendo, así que cogí mi agenda y me cuestione repetitivamente “cómo me veía de aquí en diez años“,  esa pregunta fue decisiva para mí, porque me ayudo a esforzarme en como me visualizaba para poder crear una estrategia y así plasmarlo en papel, para analizar en cómo iba a hacer para alcanzar lo que visualizaba. Ya que el problema no es sólo “saber quién queremos ser” el problema también consiste en “¿cómo llegamos a el?

 

Desde ese momento, mi vida ha ido cogiendo un rumbo diferente, uno en el que a veces siento miedo porque ahora comprendo lo que estoy arriesgando para llegar a lo que aspiro, pero la vida no se basa de miedos, la vida se basa de las acciones que tomemos ante las diferentes situaciones y lo mucho que nos esforcemos para conseguirlo. Porque también comprendí, que no sólo porque se nos cierre una puerta todo está perdido, a veces que se cierre una puerta es el escalón para llegar a la puerta correcta. Por eso, depende de nosotros mantener la realidad de saber hasta donde podemos llegar y así seguir esforzándonos para conseguirlo.

Lo valioso es que ya no sólo me estoy quejando, ahora estoy tomando acciones para llegar a mi norte. Porque sí de algo estoy segura, es que ya no quiero trabajar para vivir, quiero disfrutar lo que trabajo para vivir amando lo que hago.